La importancia de las expectativas

 

Rafael Catalá es el nuevo Ministro de Justicia. Acaba de tomar posesión del cargo y ya tenemos abundantes noticias referidas a las expectativas que el sector deposita en las acciones de una sola persona. Llaman la atención especialmente dos temas:

El primero, un tema que afecta directamente al sector, y que se alinea con temas paralelos como la justicia gratuita. Y que ya empieza a generar movimientos «relajando» el ambiente.

El segundo, dentro de un carácter mucho más político, pero indudablemente con repercusiones importantísimas sobre nuestro marco jurídico.

Independientemente de cómo se materialicen las palabras del nuevo ministro, lo que está claro es que ha generado unas altísimas expectativas de cambio. Y todo, basándonos en palabras, declaraciones de intención, que necesitarán ir acompañadas de cambios a otros niveles, ya que, de momento, el resto, como decimos los economistas, permanece «ceteris paribus». Todo lo demás, de momento, sigue igual.

Con esta entrada no voy a entrar en el análisis técnico ni -por supuesto- el político (aquí, en esta casa que es de todos, no hablamos ni de futbol, ni de política ni de religión) El tema que quiero tratar es el de las expectativas, cómo se forman, y la influencia que tienen en nuestras acciones y por tanto en nuestros negocios.

Las expectativas (i) racionales.

La teoría económica, la que me enseñaron en la facultad, dice que los mercados se mueven de manera perfecta porque todos los agentes poseen la misma información y actúan de manera racional según sus intereses. De Adam Smith para aquí, la teoría de la «mano negra que mueve los mercados» es un clásico. Con el que no puedo estar más en desacuerdo.

No es cierto que todos tengamos la misma información, o que la tengamos a la vez. Ni que seamos racionales en las decisiones. Racionalizamos lo que decidimos, pero eso es otra cosa totalmente diferente. Tendemos a dotarnos de una cobertura racional que justifique lo que hemos decidido.

Así que, en este momento, el sector está comenzando a generar toda una serie de ideas y convicciones «racionales» pero que se cimentan en el deseo de un escenario diferente al que tenemos. Al sector no le gusta la ley de tasas, y desea que desaparezca. Esa es su expectativa, volver al estado anterior. Y se confía en la capacidad de una sola persona para influir de manera positiva al respecto, mientras todo lo demás permanece igual (¿o no? Pero ese es otro tema)

El impacto de las expectativas sobre los negocios.

Bueno, pues si, las expectativas tienen un gran impacto sobre los negocios. Un ejemplo claro es la Bolsa. Pero también para los despachos de abogados. Básicamente, podemos pensar en dos tipos de impacto:

  • Positivo: Las expectativas, racionales o no, implican la aparición de metas y ganas de asumir retos, desafíos de cambio. Animan a «mover el culo» y hacer cosas diferentes. Expectativas positivas nos motivan a alcanzar objetivos ambiciosos.
  • Negativo: Especialmente, si las expectativas son negativas, pero también si las expectativas son equivocadas… Tocará plegar velas, esperar a tiempos mejores… o ejecutar un plan basado en premisas falsas.

En ambos casos, lo que vemos es cómo el componente emocional tiene un papel importantísimo en la generación de acciones estratégicas para la firma. La emoción que tengamos respecto de un tema concreto ayudará a generar expectativas en un sentido u otro, precisamente porque no son racionales al 100%, ni mucho menos.

Por ejemplo, en este caso, y hablando de la ley de tasas; Lo que desea el sector es que desaparezcan, para de esa manera ayudar al ciudadano-cliente en sus acciones legales. Queremos prever un escenario en el que habrá más actividad. Y empezaremos a pensar cómo sacar el máximo provecho de ello. También estará quien opte por no hacer nada, y si llega, llegó, ya me llamarán…

¿Entonces?

Entonces, basar las decisiones en algo que puede ser tan evanescente como las expectativas, es, si no un error, si una debilidad. Somete el éxito de las acciones a variables volátiles. Cimentar las decisiones con datos concretos, definir escenarios alternativos ante posibles desvíos, dialogar con los respectivos equipos para confrontar ideas… Son elementos y herramientas que servirán para que la toma de decisiones sea lo más certera posible, y en caso de desviación, contar con vías para reconducir el rumbo.

Las expectativas, cuando se cumplen, generan un refuerzo positivo inmediato. Gozamos con el éxito, y con haber tenido razón. Nos aliviamos por haber sobrevenido escenarios pasados. Cuando no se cumplen, por el contrario, generan frustración y emociones negativas, culpamos al mundo de nuestra desgracia.

En ambos casos, saber gestionar las emociones es una necesidad; Llevándolo al extremo, para no emborracharnos de éxito en el primer caso, y para no tirar la toalla definitivamente en el segundo. Llamemoslo competencias, llamemoslo habilidades, finalmente, lo que vemos es que más allá de lo puramente técnico, frío y eficiente de la profesión, lo humano y personal tiene un peso vital. Es lo que puede hacer que pasemos de ser «un buen profesional» a ser «el profesional con el que todos quieren contar»