El “complejo de Dios de los abogados”. Nosotros que lo sabemos todo. (I de IV)

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Regreso al blog después de meses de duro trabajo off line. Durante este tiempo he recopilado muchas anécdotas, he hablado con mucha personas (de dentro y de fuera del sector) y hemos realizado un potente estudio sobre la experiencia de los clientes en los despachos (que en breve sale a la luz. Mucha y buena información para diagnosticar el sector).

Lleva un par de días rondándome la cabeza la idea de contar en una serie de post una especie de “estupidiario” sobre los despachos de abogados (por llamarlo de alguna manera). Se trata de casos reales y descabellados que he conocido y que resumen muy bien la falta de orientación, preparación y de humildad que sufren muchos compañeros y despachos.

No todos. Tim Harford, el economista británico conocido por su libro “el economista camuflado”, lo llama el “complejo de Dios”. La expresión no es cosa suya; la cogió a su vez de un médico escocés llamado Archie Cochrane. Aquí os dejo un video de la charla de Tim Harford en el TED hace ya un par de años.

Este “complejo de Dios” tiene un síntoma reconocible fácilmente por todos; la actitud de muchos profesionales que ante un problema o reto, por complejo que sea, tienen la certeza absoluta de que su solución, su idea, es infalible, y no admiten que se la cuestionen. Porque… ¿Quién mejor que yo entiende como funcionan las cosas? ¿Por qué iba yo a escuchar otras opiniones?

En concreto, os contaré 3 historias -cada una en una nueva entrada, la primera de ellas mañana mismo- a cada cual más peregrina, y con una característica común: Despachos que quieren afrontar un gran reto de cambio y lo hacen… Bueno, por algo hablaba del “estupidiario”. Vaya por delante que no son clientes y nunca lo han sido. Tampoco lo son de mi competencia (grandes profesionales). No lo necesitan, según ellos claro. Y no se trata de un caso de despecho, no han recibido ninguna propuesta por nuestra parte. Salvadas las suspicacias, mañana contaré la primera historia. Os avanzo un poco de cada una:

  • Un despacho que tiene la absurda idea de que cambiar de sede y de logo es suficiente para transformarse en un despacho “moderno”, lo que hará que los nuevos clientes vengan irresistiblemente.
  • La segunda, trata de una importante fusión que se avecina entre varios despachos (más de 2) y que está hecha porque sí, a puerta gayola (un día se juntan todos y ya está), ¡con un par! Juntamos las carteras de clientes y talento y es éxito asegurado.
  • Y la última, un gran despacho que deja la estrategia de cambio en manos de 2 abogados que no tienen ni la más remota preparación ni el tiempo para darle la dedicación necesaria.

Una calamidad todo. Lo siento por ellos. Ojalá les vaya bien. Aunque lo dudo.

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