¿Simplificar el lenguage jurídico?

jerog8

No soy de enredar mucho en Twitter, pero en ocasiones surgen conversaciones interesantes en las que de una u otra manera me gusta participar. Anoche fue una de estas ocasiones, cuando Ricardo Oliva nos preguntaba si se puede innovar en el lenguaje jurídico para hacerlo más comprensible al ciudadano. Y se ha iniciado un cruce de ideas de lo más interesante. Pero 140 caracteres no dan para mucho así que me lio la manta a la cabeza y ¡voila! Habemus post.

Partimos de algo que parece claro: El lenguaje jurídico es duro de roer. Y esto, para el ciudadano/cliente, supone una barrera. No comprender lo que te dice tu abogado es un problema, y grave, porque esa falta de comprensión puede suponer un grave perjuicio para tus intereses. De otro lado, para el abogado también supone un problema, de frustración como poco, y en los casos más graves de tecnicismo verbal, huida de clientes en pos de alguien que les haga entender las cosas mejor (o huida de la contratación de un abogado, que “eso es un jaleo”)

Pienso también que, como cualquier otra profesión, la existencia de un lenguaje técnico es consustancial a la misma. Y que es necesario para satisfacer las necesidades legales. Pero desde un punto de vista técnico. El cliente no es, ni en muchos casos quiere ser, experto. Quiere soluciones.

Entonces, la pregunta para mi no es si “es posible innovar en el lenguaje jurídico”. Es, más bien “por qué no se usa un lenguaje más sencillo con los clientes”. Y veo tres posibles respuestas:

  • Porque no se puede.
  • Porque no se sabe.
  • Porque no se quiere.

No se puede usar un lenguaje jurídico simple.

“No poder” vendrá condicionado por dos posibles causas: No puedo porque está prohibido, y no puedo porque no hay manera humana de hacerlo.

Respecto a la primera: Prohibición de que los abogados usen un lenguaje simple. ¿Hace falta que diga algo al respecto?

Respecto a la segunda: Es humanamente imposible. Bueno, hay facetas del conocimiento mucho más complejas que el Derecho. La física cuántica por ejemplo. Y Stephen Hawkings nos hizo conocer muchas cosas sobre ella, con un lenguaje adecuado.

Y es que en otros sectores ya se hacen esfuerzos por acercarse al ciudadano cliente. Si un médico te dice que presentas un severo cuadro de infección vírica que te provocará frecuentes episodios de expectoración seca, muy probablemente acompañados de incrementos de temperatura, para lo cual precisarás tomar XX mg diarios en tres dosis de ácido acetilsalicílico… Pues te vas al notario a hacer testamento porque eso tiene mala pinta. Si te dice que tienes catarrazo y a tomar aspirinitas… Pues la cosa cambia.

No se sabe usar un lenguaje más proximo al ciudadano.

No se sabe usar un lenguaje más sencillo. Creo que es una situación muy común, por deformación profesional, y por el propio origen del conocimiento del abogado: La facultad. Nadie enseña a los abogados a comunicarse adecuadamente, en los diferentes escalones de su profesión. Porque también hace falta saber comunicarse adecuadamente (y eficazmente) en sala, o con otros colegas (para negociar), o con el cliente… Es decir, el “lenguaje jurídico” tiene mil y una aristas y facetas que suponen poseer mil y una habilidades y competencias…

Y, con más o menos esfuerzo, la falta de conocimiento se vence.

No se quiere usar un lenguaje más sencillo.

Esta opción es más oscura. ¿Por qué no iba a querer un abogado hablar de una manera más sencilla? Si está claro que ayuda a su cliente. ¿Podría ser por autoconcepto y búsqueda de una posición de prestigio y poder sobre sus clientes? ¿O porque de esa manera cree que el cliente va a ver una realidad tan compleja que le va a facilitar cobrar un alto honorario o justificar un resultado no buscado?

En cualquier caso, y respondiendo a la pregunta de Ricardo: Sí, es posible innovar en el lenguaje jurídico. Está en manos de cada abogado. Y, en mi opinión, es algo que tendrá que darse de manera generalizada antes o después porque los clientes, hoy, demandan más a sus letrados, como lo hacen en todos los órdenes de su vida. Hace mucho tiempo que el abogado dejó de ser, junto con el boticario y el cura, el máximo referente de la sociedad. Hoy, un abogado es ni más ni menos, un profesional muy cualificado -que cada vez debe serlo más-, pero un profesional al fin y al cabo.

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