Replicando la vida

Me gusta la ciencia ficción. Tanto en su vertiente literaria como cinematográfica. Por ejemplo, la fantástica saga de Isaac Asimov sobre los robots, en la que éstos poseen inteligencia artificial, y parecen incluso más humanos que los humanos. De alguna manera, lo que me gusta de la ciencia ficción es cómo anticipa y proyecta el futuro. Un futuro que, últimamente, parece que nos atropella en sus ansias de instalarse entre nosotros.

Image courtesy of jscreationzs  FreeDigitalPhotos.net

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Y es que ayer salió a la luz una noticia científica que hoy está presente en todos los principales medios de comunicación: Científicos europeos y americanos han conseguido sintetizar artificialmente un cromosoma eucariótico, de una levadura, y lo han insertado en este organismo consiguiendo que funcione igual que si fuese 100% natural.

Implicaciones para el sector legal

Esta noticia me ha hecho plantearme la siguiente pregunta: ¿Estamos preparados para asumir los cambios que estos avances van a suponer? Por supuesto, con ello, y en el contexto de este blog, me refieros a si estamos preparados desde un punto de vista jurídico. Porque las aplicaciones que previsiblemente se derivarán de este avance científico son a la par esperanzadoras y aterradoras. Desde cosas tan apetecibles como avances en biocombustibles a otras que empiezan a ser tan inquietantes como las aplicaciones médicas en personas.

El ordenamiento jurídico ya contiene regulación en materia biocientífica. Sin embargo, la velocidad del cambio es tal que, previsiblemente, se puede quedar atrás aún desde el mismo momento de su publicación. Porque hablamos de temas tan sensibles como que pueden llegar a afectar a la concepción de lo que entendemos por vida. Y no va a ser en un futuro lejano como el de la ciencia ficción. Está ocurriendo ahora.

Inclusión de perfiles profesionales diferentes y complementarios

Ser innovadores, ir en cabeza del cambio, es complicado. Cuesta. Aunque en otros países lo tienen mucho más claro. Un ejemplo. Hace ya casi 20 años, cuando estaba cursando BUP, conocí a una estadounidense de intercambio, Rachel, que tenía muy clara su meta profesional: Quería ser una experta en Biomedical Ethics. Etica biomédica. Una mezcla explosiva.

El párrafo anterior me lleva a esta última reflexión: Problemáticas tan complejas como la creación de vida artificial nos dirigen sin duda a la necesidad de una convergencia de saberes, uniendo en los equipos a profesionales de diferentes campos del conocimiento. La transversalidad va a ser totalmente necesaria en la gestión de los proyectos de los despachos, incorporando roles y funciones distintas a las tradicionales. Ya se está dando, pero la velocidad con la que el futuro llama a nuestras puertas hará que esta tendencia se agudice y tome formas que ahora mismo ni nos imaginamos.

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